Las personas funcionamos por prioridades; es decir, llevamos a cabo primero aquellas cosas que pensamos que son más importantes que las otras. Como seres humanos tenemos necesidades básicas que debemos cubrir, entre ellas comer, dormir, sentirnos seguros y queridos o formar parte de un grupo.

Como es obvio, hay unas necesidades que tienen que quedar cubiertas en primer lugar para que se puedan dar el resto, que a menudo son consideradas como secundarias pero que no por ello son menos importantes. A pesar de parecer evidente, todo ello no está tan claro en la sociedad consumista y acelerada en la que vivimos. La presión de la sociedad nos lleva a relacionarnos de forma virtual; a publicar nuestras vidas en las redes sociales constantemente (o al menos lo que queremos mostrar); a sentirnos más importantes si consumimos ciertas marcas; a fotografiar y grabar todos los momentos de nuestras vida ( a pesar de que los archivos se queden en el disco duro y no los volvamos a mirar nunca más); a vivir conectados a la red cada minuto del día; a hacer las cosas de forma rápida y sin meditar; o a evitar hacer tareas que requieran mucho esfuerzo y tiempo, entre muchos otros aspectos.

Salir de esos márgenes establecidos es ser diferente, ser extraño, ser un burro o no estar al día, y todo parece indicar que se valora más la cantidad que la calidad. Por poner un ejemplo, preferimos tener cinco chaquetas de una calidad inferior (que seguramente nos van a durar una o dos temporadas) que tener una chaqueta de calidad que nos fura casi toda la vida. El motivo es que seguramente nos aburriremos de llevar siempre la misma chaqueta o pensaremos que una persona “moderna” no puede vestir siempre igual. 

Preferimos comprar un paquete de cuatro napolitanas que un kilo de fruta, aun sabiendo que los dulces están hechos de azúcar y no nos alimentan tanto como la fruta. Pero es más fácil hacer la compra en un gran almacén y coger un paquete de plástico lleno de bollería industrial que ir a la frutería, coger una bolsa, seleccionar las frutas que queremos y esperar en caja a que las pesen y las paguemos.

La dificultad viene dada cuando transmitimos esos “no valores” a las nuevas generaciones. Cuando trabajamos el exterior y no el interior. Cuando educamos a los niños y niñas en el estrés, en la ley del mínimo esfuerzo o en hacer y hacer sin dejar lugar a la reflexión. Aquí es cuando se pierde a esencia de las cosas y cuando una sociedad se pervierte.

Por esa razón encuentro importante hablar de estrategia. Para poder aprender a priorizar, las personas debemos ser y aplicar la estrategia. Y en este sentido, una persona estratégica sería aquella que puede llevar a cabo una serie de acciones muy meditadas, encaminadas a un fin concreto y determinado. Por ello, entendemos que una persona que prioriza es una persona que reflexiona qué quiere en su vida y busca alternativas, opciones y recursos para poder conseguir los objetivos que se ha marcado. Y eso, obviamente, no lo hace una sola vez en su vida, sino que la reflexión es continua y va moldeándose según las circunstancias que se dan y según otros factores que influyen en la consecución de las metas planteadas.

Por ir acabando, creo que podríamos empezar el año 2019 con unos cuantos retos. Es necesario dar amor, afecto, momentos y experiencias a los niños y niñas. Es importante educar en valores, poner límites, ofrecer espacios de comunicación y reflexión, respetando los ritmos de vida de cada persona. Eso es lo realmente prioritario: querer y cuidar. Para conseguirlo debemos huir del materialismo y de las pantallas, y debemos evitar mostrar una faceta que no es el reflejo real de o que somos, y tenemos que valorar a las personas por lo que son y lo que aportan, y no por o que tienen, porque, al fin y al cabo, lo que perdurará en el tiempo será nuestro interior y los recuerdos de aquellos momentos compartidos con las personas a quienes hemos querido tener al lado. Es prioritario que pensemos y reflexionemos qué tipo de sociedad queremos y que nos pongamos a trabajar en serio con los niños y niñas a quienes educamos para poder ser un poco más felices cada día.