Que  levante la mano quien no haya dicho nunca: “déjalo, ya lo hago yo”.

Que  levante la mano quien no haya dicho nunca: “¿eres tonto, qué haces?”

Que  levante la mano quien no haya dicho nunca: “¡Piensa antes de hablar!”

Que  levante la mano quien no haya dicho nunca: “¡Te he dicho que no y punto!”

Que  levante la mano quien no haya dicho nunca: “¿Quieres acabar como yo?”

Con este artículo, queremos hacer llegar a los lectores nuevos planteamientos, nuevas dudas y cuestiones sobre la manera que establecemos para comunicarnos y relacionarnos con nuestros hijos e hijas.

Así pues, ¿qué entendemos por comunicación? Nosotras consideramos que la comunicación sirve para transmitir y recibir información, para expresar emociones y sentimientos, para hacer llegar argumentos, ideas, intereses, etc. La comunicación sirve también, de una manera u otra, finalmente para vincularnos a otros a través de aspectos como la empatía y la escucha activa.

Y cuando la usamos con nuestros niños y niñas, ¿qué pasa? Pues que acostumbramos a equivocarnos. La comunicación con nuestros hijos e hijas no consiste en hablar siempre y repetir las cosas mil y una veces. Este hecho ha de ser un espacio de intercambio y comprensión sano y positivo. Es cierto que la comunicación con nuestros niños y niñas resulta complicada, ya que cada uno es un mundo y la relación que establecemos es diferente de un hijo/a a otro.

Tenemos que ser conscientes de que muchas de las formas que tenemos de comunicarnos influyen directamente en la manera de expresión y relación de nuestros hijos e hijas. Lo que decimos hoy, lo repetirán mañana. Y lo que repita mañana repercutirá en mi entorno. 

¿Cuántas veces decimos a nuestros hijos que no se tiene que mentir, que tienen que decir la verdad y que tienen que hablar con respecto? ¿Y nosotros? ¿Lo hacemos? ¿Hacemos lo que decimos? ¿Somos realmente un modelo o ejemplo para nuestros niños y niñas? No hay una respuesta exacta a estas preguntas. Nosotros los adultos creemos actuar de la mejor forma para proteger a nuestros hijos e hijas pero muchas veces nos equivocamos. Actuamos en contradicción a lo que decimos y, por tanto, no somos coherentes.

¿Y cuando no sabemos qué hacer? Tampoco tenemos respuesta a esta pregunta. Pero consideramos que la clave está en escuchar y dejar expresar. Dejar que nuestros niños y niñas puedan transmitir lo que sienten o piensan, ya sea hablando o actuando. Tenemos que intentar aprender a escuchar no solo la voz, sino también la acción.

Los gestos y nuestras acciones son también herramientas que utilizamos y pueden ser elementos esenciales en nuestra comunicación. Una caricia o una mirada muchas veces pueden decir mucho más que una palabra. Tenemos que aprender a comunicarnos más allá del uso de la propia voz, tenemos que usar nuestro cuerpo como herramienta de expresión, tenemos que conocer a nuestros hijos e hijas y saber qué decir o hacer en ese momento concreto.

La comunicación con nuestros hijos e hijas es la clave de una buena relación, ya que nos permitirá conocerlos y descubrir sus sentimientos. Y en referencia al autor Paulo Coelho: “Existe un lenguaje que va más allá de las palabras”.

 

 

Silvia Bosch, educadora del grupo de +Menuts.
Zahira Seleme, educadora del grupo de Grans.