Entendemos el castigo como:

 “una pena o sanción que se impone a la persona que ha cometido una falta o ha tenido un mal comportamiento.”

¿De verdad pensáis que esto puede funcionar?

Creemos que la consecuencia educativa no se debería entender ni como una pena, ya que lo que queremos es que el niño o niña aprenda y mejore día a día, ni como una imposición debido a que estas consecuencias deben estar pactadas y negociadas entre ambas partes.

En la sociedad actual el castigo se ha normalizado y forma parte del día a día de los pequeños. Esto se ha convertido en una rutina para ellos/as y ha provocado el efecto contrario, y por tanto la pérdida de efectividad. No hay que olvidar que en muchas ocasiones los niños/as buscan la atención del adulto y la mayoría de veces solo la consiguen a través del grito, la riña y el castigo. 

Y no se trata de defender la ausencia de límites y de normas, ni mucho menos. Nosotras apostamos por normas negociadas, flexibles, argumentadas, con las que los pequeños puedan darle un sentido a aquello que hacen y puedan entender lo que les queremos transmitir. Durante su desarrollo los límites son importantes, ya que les dan seguridad y les ayudan a entender el mundo que les rodea. Además, necesitan saber qué se espera de ellos y qué normas deben respetar.

Partiendo de aquí, pensamos que en la educación es importante ser creativo y utilizar métodos más positivos y respetuosos que no dañen la autoestima del menor ni su relación con el adulto. Es necesario darle la vuelta al castigo y enseñarles a pensar y no tanto a obedecer. No es lo mismo, por ejemplo, en una situación en la que el niño/a se niegue a lavarse los dientes, que lo castiguemos sin jugar a la tablet, que que le hagamos entender los efectos positivos de una buena salud bucodental.

Por tanto, nuestro objetivo como madres/padres, educadoras/es y personas que vivimos en sociedad, es consolidar conductas positivas utilizando el refuerzo, que consiste en ofrecer una compensación positiva al pequeño cuando haya hecho algo bien. Hay que fijarse en aquello que el niño/a hace bien ya que normalmente prestamos más atención cuando hacen algo mal.

Lo que más refuerza la autoestima de los niños/as es la atención constante de sus referentes, ya sea en forma de abrazo, beso, broma, o frase que lo ayude a ser cada vez mejor. Y es en eso, donde tenemos que poner más fuerza y trabajar en la misma dirección.

Educar se hace a largo plazo y el castigo sólo funciona en el corto.

Sandra Gordillo,   educadora del grup de Menuts     
Arantxa Arizmendi, educadora del grup de Petits