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El lenguaje nos hace humanos. La capacidad humana de una comunicación compleja es responsable de gran parte de nuestra evolución. La Humanidad, la Historia o las sociedades complejas como las entendemos hoy en día no habrían sido posibles sin el lenguaje. Somos capaces de expresar nuestros pensamientos y creencias gracias a las palabras, de compartir experiencias y de aprender de lo que otros han aprendido antes que nosotros. El lenguaje es uno de los pilares de nuestra sociedad y se ha demostrado necesario para entender el mundo. Pero, ¿también para construirlo?

Muchos estudios e investigadores defienden que, dependiendo de nuestra elección de vocabulario, de nuestra manera de hablar o explicar una historia concreta, estaremos modelando la realidad, expresando una visión particular de una determinada situación y compartiéndola con los receptores de nuestra comunicación, manipulando incluso sin intención, nuestro mensaje. De hecho, en el mundo del periodismo, la inexistencia de la objetividad o verdad absoluta es una idea compartida por muchos expertos y profesionales. Se asume que cuando una persona explica algo, es su versión de la historia lo que está comunicando, aunque ésta llegará a sus receptores como una verdad objetiva, modelando su entendimiento de la realidad.

Y eso afecta a todas las maneras de comunicación, desde la interpersonal a la institucional o corporativa y, por supuesto, también a la comunicación que hacemos desde las ONG o entidades sociales. Aunque, como decíamos antes, nuestras intenciones sean buenas y el objetivo sea conseguir un mundo mejor, nuestra elección de palabras o imágenes para comunicar nuestras acciones, manipulan de alguna manera el entendimiento, la visión, de una determinada situación. 

A menudo, para explicar el gran valor de nuestras acciones sociales, las ONG podemos utilizar descripciones de situaciones de dificultad o de comunidades vulnerables que evolucionen en generalizaciones o estereotipos que llegan a la sociedad, construyendo una visión falsa o sesgada de la realidad. Esta construcción, a menudo compartida y ampliada por los medios de comunicación, puede resultar en mayores dificultades para superar estas situaciones de vulnerabilidad y exclusión.

Por un lado, necesitamos hacer llegar las realidades con las que trabajamos a la sociedad, para pedir su apoyo. Por otra, el objetivo principal es romper, de una vez por todas, con los círculos de exclusión y pobreza tan alimentados por los estereotipos y falsas concepciones que muchas entidades pueden llegar a perpetuar con la difusión de imágenes o la elección de palabras para describir los proyectos y colectivos con los que se trabaja. ¿Dónde ponemos el baremo de nuestra comunicación?

Por eso, estas líneas tratan de invitar a la reflexión. ¿Hasta qué punto somos las entidades sociales responsables de la perpetuación de desigualdades sociales a través de nuestra comunicación? ¿Cómo tendríamos que comunicar para evitar este resultado contraproducente a nuestro objectivo de un comportamiento responsable? ¿Todo vale, para conseguir fondos para nuestras causas?

Existen muchas iniciativas y organizaciones que tratan de aportar una guía sobre este tema, como las que podéis encontrar en el artículo L’ètica en l’ús de les imatges de les ONG d’acció humanitària, publicado por xarxanet.org, pero al final es cada entidad la que tiene que hacer el ejercicio de autocrítica y reflexión. En AEIRaval estamos preparando el Manual de Identidad Corporativa, en el que recogemos, precisamente, el tema fundamental de la comunicación responsable. El reto continúa. 



Carla Pérez Almendros,
Coordinadora Tècnica de AEIRaval